
Como es tradición, otro año más hemos pasado la Noche Buena en Familia, este año con dos angelitos nuevos miembros Álvaro y Ana Belén.
Opina, di, piensa, comenta, argumenta, debate, apoya ... este es mi blog...este es tu blog



Esta es una redacción que hice cuando iba a FP, para la asignatura de lengua, me encanta y os quiero invitar a que la leáis.
- “¡Corre, Sendy, corre!” - me decía mi abuelo, cuando la torpe mano de aquel desdichado vagabundo atentaba contra nuestros diminutos cuerpecillos.
Él me enseño a librarme de las innumerables amenazas que nos acechaban en aquellas exquisitas matas de pelo.
- ¿Y ahora?, me pregunté - ¿Por qué tuve que caer en esta horrible llanura?
Llevaba días en ella y aún no había podido refugiarme en una mínima raíz de pelo.
Cuando la suerte me abandonó y caí en esta horrible pesadilla, por un momento pensé que me hallaba sobre alguna zona desértica del cuerpo humano, sinceramente, creí que se trataba de una amplia frente pero a medida que avanzaba cansinamente a lo largo de la extensa cabeza, me di cuenta, en ese preciso instante, que en realidad en lo que estaba era sobre una calva, pero mejor lo denominaremos “un calvorota”, si me permiten la expresión.
Aquel calvo, jamás sospechó que yo pudiera estar sobre él, aunque parecia demostrarme lo contrario.
Cierto día en su rutinario camino hacia la farmacia, para el que cogia un maldito gorro con el que no me dejaba observar lo que ocurría en el exterior, y así, para mi desgracia no pude saltar a alguna de las frondosas cabelleras que tanto echaba de menos.
Fue allí, en la farmacia, donde mi desdicha aumentó de forma exagerada.
Todo se debía a esos malévolos y perfumados productos que se utilizaban como “crece pelo”, un timo del que mi querido calvorota hacia uso.
Cada vez que aplicaba una pequeña dosis de aquellos productos, me sentía agobiado, estaban acabando conmigo pues el agotamiento me acogotaba.
Tras una dura batalla conmigo mismo y con aquellos productos que a toda hora estaban merodeando la calva, insistentemente, logré refugiarme detrás de su oreja.
Pasaron varios días, cuando aquel mar de sustancias desapareció. Escalé hacia lo alto de su cabeza, tan solo me quedaban fuerzas para poder incorporarme, llevaba mucho tiempo sin probar bocado.
Y misteriosamente observé ante mi “UN PELO”, que alcanzaba una altura de dos centímetros.
Una vez inspeccionado el terreno, procedí a extraer el jugo capilar, que tanto deseaba.
YELLOW MAN